LIVERPOOL: CAMPEÓN DE LA CHAMPIONS LEAGUE 2019
Un símbolo del trabajo en equipo. Derrotó al Tottenham en la final disputada en Madrid
El cuadro de Anfield ya tiene su sexta corona. El Liverpool,
del del sonido Beatle, del You'll never walk alone, de Klopp y los rizos de
Salah, tocó el cielo en el Wanda Metropolitano. Después de un par de intentos
el fútbol le dio a Klopp la Champions que le debía.
Un partido muy típico del fútbol inglés, mucha intensidad y
poco fútbol acompañado de una sobredosis de ambiente. El penal de Salah y el
latigazo final de Origi dieron el triunfo al cuadro red. Un egipcio y un bélga
se encargaron de darle alegrías a la hincha inglesa en un mítico estadio de
Madrid. El Tottenham reaccionó tarde.
El Liverpool pegó rápido, un balón largo a Mané y su envío,
luego de recorrer la anatomía de Sissoko, le dio en el brazo de forma casual.
Penal para los reds y Salah lo transformó en gol. Todo ocurrió en solo 25
segundos, un código de identificación en un equipo que no sabe jugar despacio.
Para Liverpool era una final más, un territorio que pisaron
las camisetas de Dalglish, Rush, Gerrard y otros santos de la ciudad. Para el
Tottenham, el equipo de Ardiles, Jimmy Greaves y Hoddle, era la final de su
vida, la mejor oportunidad de ganarse un sitio en la historia del fútbol.
Esta final coronó el estilo de Kloop, un fútbol que
electrifica Anfield y a toda su hinchada. Hace menos de dos años perdía a una
de sus estrellas, Coutinho, quién meses antes pedía salir del equipo. La
respuesta ha sido llegar a dos finales de Champions consecutivamente. En la
vereda del frente Pochettino, técnico de los Spurs, se encontraba con un nuevo
desafío, ganar la primera estrella para el Tottenham. Harry Kane venía con
inactividad por una lesión, Dele Alli no tocaba el balón y Eriksen era
intermitente. Con el gol a los 25 segundos todo parecía cuesta arriba.
Los de arriba hicieron su trabajo y ahora les tocaba a los de
atrás demostrar de qué estaban hechos. Van Dijk y Matip, la pareja antivirus. Alexandre-Arnold
y Robertson eran dos cazas por la banda. Esos cuatro impidieron cualquier
arremetida o reacción de los Spurs. Jugadores que sirven para todo el campo.
Allison, detrás de ellos, se encargó de meter el guante a los mejores remates
del Tottenham.
Al final apareció Origi, el cartel de la remontada al Barza,
con un remate seco e inatajable para Lloris. Partido sentenciado, la hinchada
festeja, el cuerpo técnico y al banco festejaban. Sonaban los Beatles en la
sexta del Liverpool. Todo fue fiesta en Anfield.

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